Cuando llegué a trabajar ahí, estaba ansioso por ver lo que sucedería. Me sorprendió que me contrataran considerando que tenía poco de haberme graudado y mi experiencia era casi nula.
Me fijé en ella la primera vez que la oí hablar. Dijo algo muy inteligente, y muy interesante, y fue entonces cuando la miré. Ella era muy bonita, mu natural y sus ojos deslumbraban. Me sonrió en cuanto terminó de hablar y yo le devolví el gesto.
Siempre tenía algo que decir en mi clase, algo nuevo, algo inteligente, algo ingenioso... Comencé a llevarme bien con ella, más que como un maestro con su alumna. Yo era apenas unos años mayor que ella, así que era más fácil.
A veces ella salía a buscarme, nos reuníamos y tomábamos café, hablábamos de cualquier cosa por horas. A veces yo la buscaba a ella.
Yo trabajaba casi toda la semana, menos los domingos. Los domingos iba a casa de mis padres, a la mía, o salía a la ciudad a tomar un respiro de humor urbano. Pero ese domingo salí con ella. Fuimos al lago. Y fue entonces cuando me susurró al oído 'Te amo'.
A partir de ese día nos volvimos más unidos y comenzamos a escaparnos todos los domigos.
Pero me di cuenta de todas las dificultades que se venían en camino. Y hablamos. Yo no podía permitir que a ella le fuera mal por mi culpa o que la expulsaran de la universidad, así que decidí renunciar. Y prometimos esperar a que ella terminara para volver a estar juntos.
Pasaron dos años, sin verla, sin saber de ella, sin hablarle... eso era parte del trato. Y regresé. Regresé para verla, para poder estar a su lado de nuevo, para concretar la promesa que habíamos hecho.
Y la vi. Iba a lo lejos, caminando, mostraba esa naturalidad y esa luz que parecía siempre rodearla. Iba con un muchacho y sostenía su mano. Pasaron ambos a mi lado y ella ni siquiera me miró. Pude ver el anillo que estaba en su dedo anular. Ella se detuvo, volteó a verme, y se fue...