IS NO TIME TO LOST
Susy se levanto del sillón. De pronto, sintió un dolor intenso en la cabeza.
-¿Estas bien? – le pregunto rápidamente Danny, parándose junto a ella.
-Si, si. Recuérdame que debo ir al medico. – dijo ella, encaminándose a la cocina por las palomitas de maíz que su mejor amigo le había pedido.
-Apresúrate, o te perderás la mejor parte – le gritó Dan, volviendo a acomodarse en el sillón.
-Ya lo sé. ¿Cuántas veces hemos visto esta película? – dijo ella, sentándose junto a el, con un gran tazón de palomitas de maíz entre las manos.
-¡Es un clásico! – Danny la miro como si estuviera loca - ¡Es Titanic, Su, Titanic!
Susy puso los ojos en blanco con una sonrisa. Se llevo un puñado de palomitas de maíz a la boca y manteniendo la vista fija en la pantalla.
Se despertó algo sobresaltada. Sin saber como, estaba en su cama. Junto a ella, dormido al parecer bastante incomodo, estaba Danny.
Se paro junto a el. Toco suavemente su hombro y lo llamo en un susurro. El abrió lentamente los ojos, y la miro, algo atontado por el sueño.
-¿Qué paso? – pregunto la chica, dubitativa.
-Sucedió que en la mejor parte de Titanic, te desmayaste. – dijo Danny, parándose, como si fuese lo mas normal del mundo desmayarse en medio del salón, mientras ves una película con un amigo, totalmente de la nada – Así que ya te saque el turno para que vayas a ver a un medico. Esta tarde a las 4. No podré acompañarte, tengo que trabajar.
-¿Estas insinuando que iré sola al medico? – Se horrorizo Susy – Sabes que les tengo miedo, Daniel.
-Si, lo sé, pero yo tengo que trabajar. – dijo el, poniendo un mechón del cabello de ella detrás de su oreja, dulcemente. – Prometo ir a buscarte, y me cuentas que te dijeron, ¿Quieres?
-¿Tengo otra opción? – dijo ella, fastidiada.
-No, no la tienes – dijo el, con cara de triunfo – Pero es lo que hay.
-Si, si, lo sé. ¿Qué hora es? – Su se dio por vencida.
-Las... – Danny consultó su reloj de pulsera – Casi las dos de la tarde.
-¿Qué? – exclamó Su – Tengo que darme una ducha, y alistarme, y después ir al medico... ¡Llegaré tarde!
La chica tomo sus cosas, y entró como un rayo en el baño de la habitación, mientras Danny reía.
-Hey, Su – dijo Danny, golpeando ligeramente la puerta – Te veo esta noche, tengo que ir al trabajo.
-¡Claro! ¡Déjame sola yendo al medico! – exclamó ella desde adentro.
-Si, lo siento... ¿Qué tendré que hacer para que me perdones? – dijo el.
-Déjame pensar... ¡Ya sé! Tendrás que subir a la terraza de tu departamento, y gritar con todas tus fuerzas que eres gay – dijo ella, riendo maliciosamente.
-¡Tienes que estar bromeando! – dijo Danny, con una mueca de desesperación.
-No, Jones, no lo estoy. – Volvió a reír – Ahora vete a trabajar, llegaras tarde.
Danny se despidió, tomó su abrigo, que seguía sobre el sillón, y salió.
A las 5 de la tarde, decidió llamar a Susy, para preguntarle que había sucedido en la consulta.
-¿Podría decírtelo en persona? – le dijo ella, con la voz entrecortada – En 15 minutos en la estación de trenes.
El salió casi corriendo a la estación. Tenía un mal presentimiento, sumado con el tono de voz de Susy, que parecía entre preocupada y asustada cuando le habló.
Llegó a la estación, agitado. Entró en el bar al que siempre iban, y allí la vio. Estaba sentada, tenía frente a ella una taza de café intacta, la cabeza entre las manos y una expresión de no saber que iba a hacer.
-¿Qué sucede? – le dijo Danny, sentándose frente a ella.
-Yo... – ella no sabía como decírselo. – Estoy enferma.
-¿Qué tienes? – se apresuró el a contestar - ¿Es grave?
-6 meses... – dijo ella en un susurro trágico. – Me quedan 6 meses de vida – puntualizó ante la cara de desconcierto de Danny.
-Tienes que estar bromeando... – dijo Danny, cuando por fin reaccionó.
-No, no lo estoy – susurró Susy.
-Entonces, tendré que decirte algo, es ahora o nunca – le dijo el en voz baja.
Susy lo miro con cansancio y lagrimas en los ojos.
-Dilo rápido... ha sido un día muy largo... quiero volver a casa de una vez.
-Bien... – Danny meditó un rato las palabras. – Lo diré rápido porque tú me lo pides. Te amo, y quisiera pasar el resto de mi vida contigo, eres lo mejor que me paso en la vida, aunque seas mi mejor amiga, y por eso pueda llegar a pensar que no pasaremos mas de eso. Pero, aun así, te amo, ya que el corazón no entiende de razones... – soltó, sin previo aviso, sin anestesia.
-Yo... yo... – Susy era incapaz de reaccionar. Todo estaba pasando demasiado rápido.
-No tienes que decir nada – dijo Danny. Se levantó de la silla, y se encaminó hacia la puerta, hasta que sintió una mano en su hombro que lo detenía.
-Yo siento exactamente lo mismo – le dijo Susy, tomando su rostro entre las manos y dándole el beso que ambos siempre habían querido... porque ya no tenían tiempo que perder.