A dance under the rain
-Si, claro, adoro las iguanas – dije, sonriendo.
Ella rió.
Salíamos de un restaurante, tomados de la mano. Por fin ella había aceptado tener una cita conmigo.
Comenzó a llover. No quise que el hermoso
vestido que tenía puesto se mojara. Abrí el paraguas que tenia en la otra mano. Se lo ofrecí. Ella sonrió ampliamente, me soltó la mano, y salio corriendo de debajo del techo que nos resguardaba en la puerta del local. Comenzó a girar debajo de la lluvia, riendo. Se detuvo y me miró. Yo seguía parado como idiota bajo el techo, con el paraguas en la mano, mirándola sonreírme.
-¿Cris? – pregunté, divertido.
Ella soltó una carcajada. Corrió hacia mí. Me quitó el paraguas y lo dejo en el piso, olvidado. Tomó mi mano y me llevó bajo la llovizna.
La abracé. Pasé mis manos alrededor de su cintura. Ella pasó sus brazos por mi cuello y escondió la cara en mi hombro.
-Gracias por invitarme, Dougie – dijo. Su voz sonó algo amortiguada.
-Gracias por aceptar – susurré, aspirando el suave aroma de su cabello.
-¿Sabes? – Dijo, levantando la cabeza, mirándome a los ojos, seria – Tal vez debería haber aceptado la primera vez que lo hiciste. Gracias por no rendirte.
Volvió a sonreír. Comenzó a moverse al compás de una música de violines que provenía de adentro del restaurante. La lluvia seguía cayendo y mojándonos.
La tomé de la cintura, la levanté y la giré en el aire. Cris rió y se dejó llevar.
Luego de quedarnos un rato así, abrazados, la tomé de la mano y la llevé al auto. Le abrí la puerta y la hice subir. Subí al asiento del conductor y conduje hacia su casa.
Ella iba mirando las gotas de lluvia que se dibujaban en la ventanilla cerrada del auto.
Luego de un rato, sentí su mirada clavada en mí. Paré ante un oportuno semáforo en rojo. Volví la vista hacia ella.
-Hola – dijo, sonriendo.
-Hola, Cristal – reí.
Ella volvió la vista a las gotas de lluvia en la ventanilla. Sonreía levemente- levantó una mano y la apoyo en el frío vidrio.
Llegué a su casa. Le abrí la puerta para que bajara. La acompañe hasta la puerta de su casa.
Tomó el pomo de la puerta. Se volteó a mirarme. Tomó mi rostro entre sus suaves manos y me besó.
-Nos vemos el lunes en el colegio, Doug – sonrió, abrió la puerta y desapareció tras ella.