Título: Aroma
Clasificación: +15/+18
Género: Drama/Romance
Parejas: McFLY/OFC
El ser humano, es prisionero de instintos y estamos dispuestos a seguirlos, aún contra nuestra voluntad, dudando de que alguien lo niegue, pues está actuando por esos mismos instintos, poseído por la obstinación. Ellos, simplemente siguieron sus sentidos, mientras coartaban su propia fuerza de voluntad.
N/A; OMG *-* Sandy, espero que el personaje, ahora y más adelante encaje.
"Muñeca de trapo."
El viento se agitaba, helado, entre su corto cabello de niña. En su mano derecha, una mochila terriblemente desgastada. En su mano izquierda, la mano de su madre parecía infundirle tranquilidad.
Una tranquilidad, para nada, creíble.
Hacía frío, por eso la niña no paraba de temblar. ¿O era, tal vez, por algo más? ¿Acaso su cuerpo intentaba avisarle de un cambio repentino? No había manera de saberlo.
Por la cremallera abierta de la mochila asomaba un brazo de su amada muñeca de trapo. Apretó a bolsa con fuerza.
-Es aquí, Sandy .- dijo su madre, con una mirada que apenas rozaba el sufrimiento.- Ya hemos llegado. -
La niña levantó la vista, y no vio otra cosa que una enorme pared triste y grisácea bajo un cielo del mismo color. Las hojas otoñales se movían de manera sombría por culpa del viento.
-¿Qué es este lugar, mamá? -
-Esta es tu nueva casa, amor.- la mujer se agachó para ponerse a la altura de la niña. sacó su muñeca y la estrechó con fuerza.- No puedo seguir haciéndome cargo de ti, por eso te vas a quedar aquí durante un tiempo. -
Sandy abrazó con más fuerza su muñeca. ¿Acaso su madre no la quería? Es verdad que nunca tenía tiempo para ella, que todas las noches estaba en al calle, apoyada en una farola y meneando el diminuto bolso, pero, ¿significaba eso que no la quería?
-Papá se ha marchado lejos. No volverá a hacernos daño.- susurró la mujer. Acercó una mano hacia el pecho de la niña y le arrebató la muñeca de trapo.- Ahora es cuando te toca crecer, cariño.
Las lágrimas habían impedido que notara la presencia de aquella anciana detrás suya. La mayor le preguntó a su madre él nombre y la edad.
-Sandy Wentz. 6 años. -
La mayor asintió y cogió del hombro a la pequeña niña, mientras ambas veían como se marchaba la que una vez fue madre.
-Tienes suerte de que nos hagamos cargo de ti.- murmuró la mujer.- Una niña de 22 años no puede andar con una cría como tú.
Las lágrimas se habían secado. Y antes de que aquella mujer desconocida la llevara al que iba a ser su nuevo hogar, su mente grabó una última imagen infantil.
La de una muñeca de trapo tirada en medio de la calle.
~o~
-¡¡Sandy!! – la movió con más fuerza - Despierta, por el amor de Dios.
-Queso... – decía la chica, mientras babeaba su almohada.
Mara la observó, y una sonrisa se curvó en sus labios, Sandy tenía la cama alborotada, las sábanas blancas estaban en el piso, y el cobertor apenas le cubría las piernas, Mara soltó un suspiro y volvió a intentarlo – Sandy, son las 7:35, si no te levantas, llegaremos tarde al trabajo – rodó los ojos, y caminó a la cocina, tomó un vaso y sirvió de la jarra, se dirigió a la habitación y antes de que pudiera lanzarla a su rostro, la castaña despertó y la miró cautelosa.
-No te atrevas, Mara, no, no, por amor al queso... – corrió como loca por la habitación, apuntándola exageradamente – ¡¡Asesina!! -
-Estás obsesionada con el queso, terminaré teniéndole fobia – se sentó al borde de la cama, y alisó su falda con las manos – Ahora, dúchate, vístete, y haz lo que tengas que hacer allí dentro, porque en menos de media hora debemos estar en la oficina ¡PERO YA!. – salió del cuarto, apuntando el baño.
~o~
Se miró en el espejo, y observó su cabello mojado. Ahora, el espejo reflejaba la muñeca de trapo, en la calle. Se dio media vuelta y salió dando un portazo. Después de alistarse, bajó las escaleras.
-¿Hora? – sus orbes brillaron, cuándo vio que sobre la mesa, había un trozo de queso Gouda, cortado perfectamente en un hermoso cubito.
-7:50 am. Cómetelo, pero ya salgamos, quedan diez minutos y llueve cómo los mil demonios... Oh Dios, soy una mala persona – río, y tomó la mano de su compañera de piso, la arrastró por la calle, mientras los dos paraguas chocaban entre sí. Sandy sonrío y miró el cabello negro de Mara Brömmel, eran grandes amigas, Mara le había ayudado mucho a superarse, a volver a creer, y a ser lo que hoy era. Desvió su mirada hacia la acera del otro extremo...
El paraguas cayó al piso, sonó estruendosamente, en su mente, el olor a humedad, inundó sus fosas nasales, y se dio cuenta; entonces, de que el cabello dorado del chico que miraba, era realmente apetitoso. Y aunque estuviese escondido, sí, entre tanto intento de camuflaje, era lo más perfecto que había observado.
~o~