Ya *-* Lo hice más largo =DD!
Marionético.
La enfermera corría por los pasillos del hospital, sabiendo perfectamente que no debía hacerlo.
Tan sólo... aquella pareja le preocupaba demasiado. También el bebé.
Se detuvo en cuanto vio a la doctora salir por la puerta de Urgencias.
-¿Cómo ha ido?- preguntó, exhausta. Desde el accidente de dos horas antes no había tenido tiempo para descansar.
Se sintió desfallecer cuando la doctora negó con la cabeza.
La enfermera tuvo que sentarse.
-Pobres...- susurró. La doctora se sentó a su lado.- Ambos eran tan jóvenes...
-Sé que es la primera vez que ves morir a alguien en un hospital.- dijo la doctora. Pasó su brazo por los hombros de la enfermera.- Pero no pudimos hacer nada. Cuando llegaron aquí, ya era demasiado tarde para ellos.
La enfermera se estremeció al recordar el choque del coche contra aquel edificio, los cuerpos de aquella pareja inmóviles en el asfalto, el insufrible ruido de la ambulancia...
Negó con la cabeza, intentando apartar esos pensamientos.
-¿Y qué va a pasar con el bebé?- preguntó.- Si sus padres están muertos, ¿qué va a pasar con ella? –
La doctora revisó sus informes. La bebé de 15 meses, llamada Marie Amanda Brömmel, había resultado milagrosamente ilesa de aquel fatídico accidente. La niña llevaba un brazalete que tenía estampado “MARA” con letras azules.
-Si la bebé no tiene más familiares, no habrá más remedio que darla en adopción.- dijo la doctora, con pesar.- Nosotros no podemos hacer mucho más por ella. –
La enfermera asintió. Sabía que el futuro de aquella niña sería incierto, pero no le quedaba más remedio que aceptarlo y llevarla ella misma a algún orfanato.
Varias semanas después, en un día extrañamente soleado, la enfermera llevó a la pequeña Mara al único orfanato que había en la ciudad.
-Prometa que la va a cuidar.- le dijo a la mujer a la que le entregó el bebé.- Prometa que no le va a pasar nada.
La otra tan sólo asintió, y cerró la puerta, dejando a la pobre enfermera con unas últimas palabras en los labios.
Prométeme que lucharás por salir adelante.~o~
-¿Estás bien,
honey? – Mara hizo señas frente al rostro de Sandy, se distraía demasiado, lo cierto era que, había visto algo hermoso hace algunas horas y no podía concentrarte en nada más– ¡Hey! Sandy, hay que irnos... ¡Tengo clases a las cinco! Claro, tú no tienes, de todos modos debes irte a casa, terminó el jodido turno, Sandy... ¡QUESO!–
-Queso ¡¿Dónde?! – la chica se levantó de la silla y se paró junto a su amiga - ¿No vas? – la ojiazul bufó, antes de seguirla.
-Es cómo... tú sabes, Sandy ¡oh whoa! – Mara movió sus manos, exagerando el gesto, rieron mientras frenaban en la puerta del ascensor. – Randy Andy, es un estúpido, detesto trabajar con él, no es agradable que cuándo se queja de lo que haces, te mire los pechos y luego se largue ¡¡Enojado!! Es la persona más ‘odiable’ en el mundo, lo juro, lo prometo... –
-Dímelo a mi, querida, si al menos me diera... – Mara le miró enfadada - ... menos trabajo. ¿Qué no puede una persona tener una obsesión con algo? – sus ojos castaños se desviaron al botón, lo presionó y suspiró frustrada. – Estúpido sexto piso... – susurró.
-Ok Sandy, puedes... La gente normal se obsesiona con un par de zapatos, y lo deja, después de comprarlos, pero asumo que tú no eres normal – la castaña sonrió. Cuando las puertas se abrieron Mara entró, Sandy la siguió. – Trabajar medio tiempo, para poder pagar tus estudios es horrible, este traje es horrible, voy a morir – su amiga se carcajeó al ver el dramatismo de Mara. – ¡Ni se te ocurra! –
-¡Marie AMANDA! –
-Te odio profundamente, mala persona. –
~o~
Mara.Decir que me quité un gran peso de encima, sería lo más cercano que podrían las palabras expresar para dar a entender lo que sentí.
Fue como si una espada, con un filo infinitamente delgado, hubiera logrado cortar de un tajo las cadenas que me mantenían atada al destino marionético de mi existencia.
¿Marionético? Esa palabra ni siquiera existe, pero cuando me di cuenta de que eso era lo que era, una marioneta, también me di cuenta de que podía inventar las palabras que se me vinieran en gana, por lo tanto, marionético sí existe, la acabo de inventar.
Caminé a la parada de autobús, y cuando estuve arriba del transporte, me quejé durante veintiséis minutos por las sacudidas que daba. Me bajé del autobús demasiado apresurada, por lo que al cruzar la calle, me llevé un maldito susto al ser casi atropellada por un imbecil sin seso, que luego de gritarme “Fíjate por dónde vas, cría” arrancó su deportivo y me dejó tirada en medio de la calle. Un chico se detuvo y recogió mis cosas del suelo, mientras yo, me quejaba de la vida.
-Lo siento. –escuché
Levanté la vista. Aquel chico me miraba preocupado, pero sonriente. Ahora que me fijaba, tenía los ojos grandes y azules. Y ¡Oh Por Dios! Abrí los ojos de una forma que ni siquiera imaginé. Era bastante extraño verlo a él caminando cómo si nada por la calle. (con gafas de sol y con sombrero, claro.)
-No...- murmuré. El chico me observó confundido, y yo le sonreí.- Tú no eres el que casi me ha matado o provocado un infarto, así que no tienes por qué disculparte. Es más, te agradezco mucho que me hayas ayudado.
Sonreí. Él correspondió a mi sonrisa con los labios y los ojos.
-¿Estás bien? ¿Todo en su lugar? – preguntó carcajeando. Sacó unas gafas del bolsillo de su cazadora, y se las puso.- Tienes cara de estar apunto de morir, pero es una linda cara a punto de morir.
Me sonrojé furiosamente. Él estaba siendo muy amable conmigo.
-Gracias...- susurré.
-La verdad...- el chico puso sus brazos detrás de la cabeza y miró al cielo.- Estaba caminando, tratando de pasar desapercibido y parece que te he rescatado –
Me dirigió una mirada seductora y yo reí con ganas. Pero me sonrojé aun más.
-Por cierto.- el chico no dejó de sonreír.- Me llamo Danny Jones, pero creo que lo sabes, por tu expresión ¿y tú, peligro andante? –