Capitulo 01La alarma sonó a las 7.00 am en punto. Sandy se levantó poco a poco, y después de soltar un bostezo, se talló los ojos, estiró los brazos, y apagó su despertador, el cual estaba lleno de calcomanías, la mayoría era de quesos. Se dirigió a tomar una rápida ducha, y después de vestirse, trató de peinar su cabello, aunque bueno, conociendo a Sandy, lo último que le importaba era si su cabello estaba totalmente arreglado. Dejó el cepillo a un lado, y se dirigió a la ventana.
Miró la ventana de la casa de al lado. Las cortinas seguían cerradas.
Sandy soltó un bufido, y abrió su ventana. En medio de ambas casas vecinas, lo único que les separaba era una pequeña cerca, la cual se encontraba varios metros abajo y un alto y frondoso árbol, cuyas ramas alcanzaban la ventana de la casa vecina. Sandy logró saltar tomándose de un par de ramas, y entonces, llegó justo frente a la otra ventana. Golpeó el vidrio con los nudillos, sin embargo, nadie respondía. Suspiró, y golpeó dos veces el marco de la ventana, para después, lograr abrirla, como hacia absolutamente TODAS las mañanas. Saltó hacia la habitación, y miró a la chica que se encontraba entraba entre las sabanas, las cuales estaban vagamente extendidas por el colchón.
Sandy giró los ojos y se dirigió a la chica.
- Iris, ¡despierta! – dijo, zarandeándola de los hombros. La chica despegó su cabeza de la almohada, sin abrir sus ojos.
- Ositos de gomita… - murmuró somnolienta, para después volver a postrar la cabeza en su almohada de funda verde pastel y entonar un ronquido.
Sandy comenzó a reírse, sin embargo, volvió a mirar el reloj. Giró los ojos y comenzó a estirar de la mano de su amiga, con esperanza de que ésta se levantara, sin embargo, no había ninguna señal de que estuviera dispuesta a hacerlo. Sandy, desesperada, miró alrededor.
Entonces, vio la guitarra de Iris en el suelo, y el amplificador en uno de los rincones.
Así que, esquivando los montones de ropa tirados en el suelo, una pelota de beisbol y el par de patinetas que le pertenecían a Iris, pudo lograr llegar a donde se encontraba la guitarra. Conectó el amplificador, y entonces tocó un par de notas con la guitarra.
Iris se incorporó de golpe y con los ojos bien abiertos.
- Si 7 y La – dijo, refiriéndose a las notas que Sandy había tocado. Ella sonrió y asintió.
- Así es. – respondió.
- Ahh…eres tú. – dijo Iris, dejándose caer nuevamente sobre la cama.
- Iris, no seas floja. – Sandy jaló de su mano.
- ¿Qué no era sábado? – preguntó Iris.
- No. -
- ¿Domingo? -
- Tampoco.
- ¿Día festivo?
- Menos. – respondió Sandy.
- ¿Viernes? -
- Iris, los viernes si asistimos a la preparatoria…por desgracia. -
- Está bien. Ya voy. – Iris se incorporó nuevamente y se puso de pie, haciendo a un lado toda su ropa que se encontraba en el suelo.
- Eres una desordenada. – dijo Sandy.
- ¿Y? – preguntó Iris, mirando la poca ropa que se encontraba en los ganchos del closet, pues la demás se encontraba en el suelo.
Sandy se recargó en la pared y encogió los hombros.
- Quiero queso. – dijo de repente.
Ambas se quedaron en silencio, y entonces escucharon el sonido de un bajo.
- Are you kidding me? – dijo Iris, refiriéndose al sonido del bajo.
Gruñó y entonces se dirigió al pasillo rápidamente, y seguido de eso, a la ventana que daba justo a la calle que se encontraba frente a la casa. - ¡Douglas! ¡Estúpido! – gritó. Sandy se apresuró a llegar a un lado de su amiga. - ¡Deja ése bajo o te juro que te voy a patear el maldito trasero! – el sonido se detuvo por unos segundos, haciendo que Iris sonriera satisfecha.
La puerta del garage de la casa de enfrente, se abrió, dejando ver a un chico rubio.
Iris lo miró unos segundos, y entonces él comenzó a tocar su bajo, mirando a las chicas con una expresión de burla.
- ¡Te voy a…! – Sandy le tapó la boca a Iris de inmediato.
– Iris, ¿qué te he dicho sobre ser malhablada? - preguntó Sandy
- ¿Qué lo sea? – preguntó Iris con un tono de inocencia. Sandy giró los ojos.
- Sólo ve alistarte, yo me encargo de Dougie, como siempre lo hago. – soltó un suspiro. Iris giró los ojos, mientras que Sandy le empujaba la espalda para dirigirla a su habitación. – Saldré por la puerta de abajo. – dijo Sandy.
- Está bien. – respondió Iris. - ¡Ah!, si mi mamá está haciendo el desayuno, dile que quiero ver un tazón con cereal en la mesa. – dijo.
- Le pediré tres sándwiches de queso. – Sandy sonrió.
- Está bien, está bien. Los sándwiches. – Iris giró los ojos con diversión, y entró a su habitación.
Sandy bajó las escaleras rápidamente.
- ¡Buenos días! – saludó sonriente. Los padres de Iris estaban acostumbrados a ver a Sandy bajar las escaleras como si nada. Se dirigió a la cocina y saludó a la mamá de Iris. – Señora, Iris manda a decir que quiere tres sándwiches de queso. – dijo Sandy.
- ¿Tres? -
- Si, ya sabe que es bien tragona. – sonrió divertida, cuando en realidad, dos de esos sándwiches eran de Sandy.
Sandy se encaminó a la puerta, y entonces miró al padre de Iris.
- Disfrute su café. – dijo sonriente Sandy.
- Lo haré. – dijo el señor.
Iris y Sandy se conocían desde pequeñas, pues han sido vecinas desde que tienen memoria. Se criaron juntas y desde entonces han sido inseparables. Asistieron al mismo jardín de niños, a la misma escuela primaria, a la misma secundaria, y ahora a la misma preparatoria.
Sandy giró la perilla de la puerta principal, y después cruzó la calle. Llegó justo en frente de Dougie, y lo miró.
- Aprende a tocar. – dijo Sandy.
- ¿Disculpa? – preguntó, aparentemente ofendido.
- Si, lo que escuchaste.
- ¿Insinúas que tú tocas mejor que yo? – dijo con burla.
- No insinué nada. Pero sí. – sonrió orgullosa.
- Eres un fenómeno. – dijo sacándole la lengua.
Sandy parpadeó un par de veces, y después mostró una expresión molesta, no por el hecho de que le dijera fenómeno, pues ella aceptaba que era rara, sino por el hecho de que le sacó la lengua…para ella era una ofensa.
Sandy es una de las chicas más loca que pudieras conocer. Siempre tiene una gran sonrisa dibujada en su rostro todo el tiempo. Es una de las mejores amigas que cualquiera pudiera querer, es una de esas amigas que darían su vida por ti. Ya he mencionado que es la locura andante, pero la cosa que más te podrá llamar la atención de ella su obsesión con el queso, todos piensan que eso es muy divertido, sin embargo, para Sandy, comer queso es como una religión.
Es una chica que sueña con que la magia exista, siempre se la pasa pensando en eso, se toma muy en serio la frase 'por arte de magia'.
Suele utilizar el corazón antes que la cabeza y la mayoría del tiempo cree en las segundas oportunidades, aunque está consciente de que es muy difícil que una persona cambie. Sabe mentir demasiado bien, sin embargo, odia hacerlo pues ella dice que no le gustaría que a ella le mintieran como hicieron sus padres diciéndole que "cada 25 de diciembre, Santa Claus dejaba los regalos bajo el árbol de navidad".
Si hablamos de chicos, Sandy es 'lo que todo chico quiere', es decir, además de tener un hermoso rostro, una personalidad genial, es una apasionada por el fútbol, comer muchísimo y tiene cierto odio por la moda. Ningún chico podría pedir más, sin embargo, ella no tiene una extensa lista de novios, ni mucho menos de relaciones serias, para ella lo único importante son sus amigas, la música y, claro, el queso.
- Ven acá, Douglas, no te haré daño. – dijo con una sonrisa forzada.
- Aléjate. – dijo Doug.
- No, de verdad, no te hará nada…sólo planeo darte tu merecido. –
Ambos comenzaron a correr en círculos, hasta llegar en medio de la calle. Era típico ver a ambos pelear, desde siempre lo han hecho.
Dougie vivía justo en frente de la casa de Iris y Sandy. Los padres de los tres son amigos cercanos, así que era normal que se reunieran cada cierto tiempo. Siempre se la pasan entre discusiones, en especial con Sandy, pues no pueden estar en la misma habitación sin empezar una pelea.
- ¡Sandy, tranquila! – dijo Iris acercándose a su amiga.
- Doug, vamos, no me digas que estabas huyendo de Sandy…de nuevo. – dijo un chico, acercándose por la dirección contraria de Iris. – Procura alejar a tu mascota. – dijo, el chico pecoso, quien resultaba ser Danny.
- ¿Mi mascota? – preguntó ella. – Controla a la tuya. – dijo Iris, poniéndose las manos en la cintura y mirando a Danny con molestia. Doug y Sandy se miraron los unos a los otros, es decir… ¿mascotas?
- Oh, la pequeñita se enojó. – dijo Danny, con toda intención de provocarla.
- En primer lugar… - avanzó algunos pasos. - ¡No soy pequeña!, ¡soy de estatura normal, descerebrado! – exclamó exaltada.
Danny era uno de los mejores amigos de Doug. En la preparatoria, ha sido conocido como el galán mujeriego, aunque siempre ha tenido problemas con los deportistas, pues para Danny es fácil enredarse con alguna de sus novias sin que su conciencia se hiciera presente diciéndole que estaba mal. Es un aficionado al fútbol, pero no hay algo que ame más que a su guitarra, bueno, en realidad, a la música en general.
Nunca se ha llevado bien con Iris, ninguno de los dos se soportan, y aunque Iris lo ignore por completo, Danny siempre se esmera por sacarla de quicio, ¿razón?, simple y sencilla, la primera vez que Daniel e Iris hablaron, éste, como ya es de costumbre, le coqueteo, y claro, Iris asqueada lo rechazó. Se podría decir que ha sido la primera vez que una chica mandaba a volar a Danny Jones, y desde entonces, Danny no se da por vencido y al menos se conforma con hacerla enojar.
- Quizá es normal para ti. – dijo Danny. Dougie comenzó a reírse.
- Mira, Doug, tú no eres muy alto. – Iris le dedicó una mirada matadora, haciendo que éste se callara de inmediato, entonces fue Sandy la que comenzó a reírse. - ¿En serio es lo único que tienes? Burlarte sobre mi estatura. – dijo, sin evitar reír.
- Iris, tranquila. Toma aire, recuerda lo que Mina siempre te dice: relájate. – le dijo Sandy.
- Pero Mina no está aquí, así que me puedo tomar la molestia de arrancarle el pescuezo a Jones… - dijo sonriendo malévolamente, mientras caminaba hacia Danny.
- Iris…Iris, es en serio, déjalo en paz antes de que llore. – dijo Sandy.
- No le haré nada, sólo le daré su merecido. -
- Así que de ella aprendiste la frasecita, ¿no? – dijo Doug a Sandy, mirando la escena con burla. Sandy lo miró por unos segundos, y simplemente lo empujó.
- ¿Es en serio?, ¿Crees que me dolerá si me golpeas con tus pequeños puños? – preguntó Danny a Iris, sonriendo con diversión.
- Nadie dijo algo de puños, Daniel. – dijo Iris, acercándose con una inocente sonrisa.
Iris siempre ha sido una chica llena de energía y vitalidad. Suele encantarle andar en patineta y escuchar todo tipo de música. Es una chica tosca y agresiva, aunque ella no lo admita. Se la pasa rompiendo todo tipo de cosas con facilidad, pues es bastante torpe. La primera vez que hables con ella, te puede parecer una chica algo resentida, sin embargo, en cuanto la conoces te das cuenta que es muy simpática y divertida. Puede ser algo fría de vez en cuando, pero le es muy difícil demostrar su cariño hacia sus seres queridos, aunque con sus mejores amigas la podrás ver siendo cariñosa y preocupándose por cualquier cosa relacionada con ellas. Odia que la gente la crea débil y frágil solo por ser bajita y de delicados rasgos. Suele reírse de la desgracia ajena y encontrarle un la do negativo a la mayoría de las cosas. Es una de esas chicas que creen que el amor apesta y de las que odian escuchar ese tipo de temas. Si hay otra cosa más que le caracterice, es ser extremadamente bipolar...de repente puede andar incendiando árboles y golpeando gente, y para el otro momento está quieta y callada, otra cosa rara en ella, pues NUNCA guarda silencio.
Es la típica chica que es el dolor de cabeza de sus maestros. Le obsesiona tener la razón la mayoría del tiempo, y si no la tiene, se aloca más de lo que ya está.
Tiene una rara manía de mirar a los ojos a la gente, aunque algunas veces suele intimidar.
Desde que tiene memoria, tuvo miles de pretendientes, sin embargo, ella siempre se ha encargado de que se alejen de ella. Ha tenido solo un par de novios, sin embargo, tiene algo que le avergüenza sobre eso.
Sandy giró los ojos, y tomó a Iris de los hombros, quién empezó a patalear.
- No iba a hacer nada, ¡lo juro! – replicó Iris.
- No te quiero en la cárcel, eres muy joven para eso. – dijo Sandy, quien comenzaba a empujar a Iris de los hombros, para finalmente dirigirse a la preparatoria.
Sandy tardó unos segundos, pues fue por su mochila, y finalmente, se dirigieron a la preparatoria. Pusieron el pie en el edificio, y justo sonó el timbre. Entraron más tranquilas, sin evitar mirar con fastidio a Doug y Danny dirigiéndose con sus otros dos amigos, Harry y Tom.